Cornejo gobierna Mendoza desde el 9 de diciembre de 2023. Cambia Mendoza nació en 2015 como coalición electoral de la UCR con el PRO, el Frente Renovador, el Partido Demócrata y la Coalición Cívica, y en agosto de 2025 el gobernador formalizó una alianza con La Libertad Avanza: en la boleta nacional de octubre la única denominación del oficialismo fue La Libertad Avanza. El sello absorbió la marca UCR. Dirigentes históricos quedaron fuera de esa conducción: Ernesto Sanz está «alejado del gobernador y de Milei» y Julio Cobos habló de «dos campañas» contradictorias.
El problema no es la coalición en sí misma. El problema es que Cornejo no construye una identidad radical diferenciada dentro de esa coalición. No hay un «voto radical» distinguible en el Congreso; el 90% de coincidencia con el PRO que sostenía este texto no tiene ninguna medición pública que lo respalde (por verificar). El costo es el mismo: cuando la UCR necesite ser un partido autónomo, no va a tener cuadros, ideas ni dirigencia propia.
Cuando Cornejo asumió en 2015, Mendoza tenía una deuda pública manejable. Cuando se fue en 2019, esa deuda se había duplicado en términos absolutos y, con la devaluación, se disparó en términos reales. El argumento oficial fue que la deuda era para obra pública. Pero la obra pública de su gestión no fue particularmente notoria ni transformadora.
Mendoza necesitaba infraestructura hídrica y vial, y parte de esa deuda se justifica. Pero Cornejo era el candidato del orden fiscal, el que criticaba al peronismo por despilfarrar recursos. Terminó su mandato con más deuda de la que recibió, en dólares y sin un plan de repago claro. No fue un desastre fiscal, pero fue una contradicción evidente con su discurso.
La relación de Cornejo con el gobierno de Milei es un péndulo. Firmó el Pacto de Mayo, apoyó la Ley Bases, pero al mismo tiempo denunció el ajuste a las provincias, el recorte de fondos jubilatorios y la parálisis de la obra pública nacional. Esa ambigüedad no es estrategia: es indecisión política.
Un gobernador de la UCR que quiere ser figura nacional tiene que definir si es oposición o aliado. No se puede ser las dos cosas al mismo tiempo. Cornejo quiere retener los votos radicales que desconfían de Milei y al mismo tiempo no quedar del lado del kirchnerismo. El resultado es que no termina de convencer a nadie: los radicales lo ven demasiado cerca del PRO, el PRO lo ve demasiado crítico, y el peronismo lo ve como un oportunista.
Mendoza fue una de las provincias donde hubo más apropiación de bebés durante la dictadura, pero la gestión Cornejo no se caracterizó por impulsar políticas activas de memoria, verdad y justicia. Durante su primer mandato, los juicios de lesa humanidad avanzaron lentamente y no hubo un compromiso presupuestario fuerte con los organismos de derechos humanos.
En 2024, cuando el gobierno nacional de Milei desfinanció los juicios de lesa humanidad, Cornejo protestó pero no tomó medidas concretas para sostenerlos con fondos provinciales. El discurso de Cornejo es de apoyar los derechos humanos, pero en los hechos, no ha priorizado la agenda. En una provincia donde el peronismo histórico tuvo vínculos con el aparato represivo, la UCR podría haber hecho de los derechos humanos una bandera distintiva. No lo hizo.