Manes construyó su marca política sobre la base de su prestigio como neurocientífico. Sus libros hablan del cerebro, la conciencia, la toma de decisiones. Pero cuando pasa a la política, esa autoridad científica no se traduce en políticas basadas en evidencia. Sus posiciones sobre educación, seguridad y economía no son diferentes a las de cualquier político radical progresista. No hay un «modelo Manes» de gobierno respaldado por investigación neurocientífica (por verificar).
El problema no es que Manes sea neurocientífico. El problema es que vende su política como si estuviera respaldada por neurociencia cuando no lo está. El 'cerebro' es una metáfora, no un método. Hablar de 'neuroeducación' suena bien en un libro pero no tiene aplicación concreta en las aulas de la provincia de Buenos Aires. Usar la ciencia para darle peso a tu discurso político sin hacer ciencia aplicada a la política no es divulgación: es marketing.