La baja de homicidios en Rosario es un dato objetivo y contundente. Pasaron de los picos históricos de 2022-2023 (~300 homicidios anuales en la ciudad) a una reducción significativa en 2024. Pullaro implementó un modelo de concentración de fuerzas, inteligencia criminal y endurecimiento carcelario que dio resultados inmediatos. Pero la pregunta es si ese modelo es sostenible en el tiempo sin atacar las causas del narcotráfico: lavado de dinero, economías ilegales, fragilidad institucional de la policía provincial.
El riesgo es parecerse a las políticas de mano dura en América Latina que bajan homicidios a corto plazo pero no resuelven el problema de fondo. Pullaro no es Bukele —no hay régimen de excepción ni violaciones sistemáticas de derechos humanos— pero el enfoque es el mismo: más cárcel, más policía, más inteligencia. Falta el complemento social: oportunidades económicas para los jóvenes en los barrios vulnerables, recuperación de espacios públicos, prevención secundaria. Sin eso, la baja de homicidios puede ser temporaria.
Santa Fe es una provincia grande y diversa. El sur concentra la violencia narco y la atención mediática; el norte —Reconquista, Villa Ocampo, la cuña algodonera— vive de la producción primaria y de la infraestructura vial. El presupuesto provincial 2025 (Ley 14.385) asigna por ubicación geográfica $2.108.144,6 millones al departamento Rosario, el 20,1% de las erogaciones totales, y $3.210.699,5 millones al departamento La Capital, el 30,7%: entre los dos, 50,8% del gasto provincial.
En el centro-norte, la superficie algodonera implantada cayó entre 22% y 24% en la campaña 2025/26 —83.700 hectáreas frente a 106.100 de la campaña anterior— y la cosecha cerró con 76.100 hectáreas y 129.405 toneladas. El reclamo de intendentes del norte por falta de visitas del gobernador y de obra pública no tiene fuente verificada (por verificar).
La policía de Santa Fe ha sido históricamente infiltrada por el narcotráfico. El caso más emblemático fue el del ex jefe de la policía de Rosario, Hugo Tognoli, condenado por vínculos con Los Monos. Pullaro prometió una reforma profunda: depuración de las fuerzas, nuevo sistema de ascensos, control civil, mejoras salariales. Pero la reforma está estancada.
En su lugar, Pullaro optó por crear cuerpos paralelos (Policía de Investigaciones, Unidad de Inteligencia) que dependen directamente del gobernador, sin reformar la estructura existente. Es comprensible: la policía tradicional es un monstruo burocrático difícil de cambiar. Pero si no se reforma, va a seguir siendo el mismo problema. Los cuerpos de élite no reemplazan a la policía de base. Cuando la Unidad de Inteligencia resuelva un caso, el patrullero del barrio va a seguir siendo el mismo efectivo mal pago, mal entrenado y potencialmente corrupto.
Santa Fe es una de las provincias más productivas del país: agroindustria, maquinaria agrícola, lácteos, biotecnología. Pullaro llegó con un perfil de ingeniero agrónomo y prometió poner la producción en el centro de su gestión. Pero la emergencia en seguridad copó la agenda. Los productores santafesinos sienten que el gobernador está ausente en los temas que los afectan: presión impositiva provincial, rutas rurales destruidas, falta de conectividad digital, crisis del sector lácteo.
Pullaro tiene un gabinete productivo técnico, pero sin conducción política fuerte. No hay un plan de desarrollo productivo visible. La provincia sigue sin una ley de promoción de inversiones modernizada y el puerto de Santa Fe sigue sin el desarrollo que podría tener. La seguridad es prioridad, pero no puede ser la única política de un gobierno provincial.