Pichetto fue kirchnerista de máxima confianza durante doce años. Jefe de la bancada que votó todas las leyes K: la 125, la nacionalización de Aerolíneas, YPF, la Ley de Medios, el Pacto con Irán. Luego fue vicepresidente de Macri, el anti-K. Luego fundó una tercera vía. Luego apoyó a Massa en el balotaje. Luego votó las leyes de Milei.
No hay un hilo conductor ideológico en esa trayectoria que no sea la supervivencia política. Pichetto es hábil, negociador, institucionalista. Pero su historia revela una flexibilidad que raya en el oportunismo. El kirchnerismo lo tuvo de aliado hasta que le fue útil. El macrismo lo tuvo de vice hasta que perdió. La tercera vía lo tiene de figura decorativa hasta que jubile.
No se puede construir una alternativa política seria sobre una figura que estuvo en todos los bandos. Pichetto es la institucionalidad sin ideología: un senador competente que se para bien en el recinto pero al que nadie le confiaría la conducción de un proceso de cambio real.
Hoy Pichetto es el gran defensor de las instituciones: división de poderes, independencia judicial, federalismo, equilibrio fiscal. Pero su historia parlamentaria lo muestra como un senador que votó algunas de las leyes más controvertidas del kirchnerismo. Votó la Ley de Medios que el macrismo después derogaría. Votó el Pacto con Irán que la comunidad judía argentina rechazó. Votó la expropiación de YPF que Macri consideró 'populismo energético'.
No se le pide a Pichetto que se arrepienta. Pero sí se le puede señalar que su republicanismo parece despertarse o dormirse según el gobierno de turno. Cuando el kirchnerismo atropellaba instituciones, Pichetto era jefe del bloque. Cuando Macri atropellaba instituciones (deuda, reforma previsional), Pichetto era presidente provisional del Senado. Recién con Milei —el outsider que no viene de la casta— Pichetto descubre la defensa irrestricta de las instituciones.
Ese republicanismo selectivo no es republicanismo: es conveniencia.
El Senado argentino está polarizado entre el mileísmo (10 senadores) y Unión por la Patria (33 senadores). Pichetto, con su bloque de 2 senadores, podría ser determinante en cualquier votación. En teoría, puede definir si el gobierno consigue los votos que necesita.
En la práctica, su voto es impredecible. Votó a favor de la Ley Ómnibus, a favor del RIGI, a favor de la reforma laboral. Pero también votó en contra del veto de Milei a la reforma jubilatoria. No hay un patrón claro: no es oficialista ni opositor. Es... Pichetto.
Esa imprevisibilidad debería ser su fortaleza. Pero no lo es, porque no la usa para negociar nada concreto. No pide cargos, no pide presupuesto para Río Negro, no pide cambios en las leyes. Vota según su conciencia, dice. La conciencia es un lujo que los senadores bisagra no pueden darse: su función es negociar. Si no negocia, no es bisagra: es un voto más.