Del Caño fue candidato a presidente en 2017 y 2021. En ambas oportunidades, el FIT obtuvo resultados magros (alrededor del 3% nacional). Su reelección como diputado en 2021 fue con el 6% en Mendoza. No hay crecimiento electoral sostenido. La izquierda argentina tiene un techo que no logra perforar.
El problema no es solo electoral: es estratégico. Del Caño representa una línea de 'ruptura revolucionaria' que no dialoga con la mayoría social. Su discurso es correcto para los convencidos, pero no interpela a los trabajadores peronistas, a los pobres urbanos, a los desocupados. La izquierda argentina no crece porque se dirige a un sujeto político imaginario (el proletariado revolucionario) que no existe en la Argentina del siglo XXI. Mientras tanto, el voto de izquierda se estanca y la dirigencia se recicla en los mismos cargos.
Del Caño usa el lenguaje de la clase trabajadora: 'los trabajadores y el pueblo', 'la burguesía', 'la burocracia sindical'. Pero los trabajadores no lo votan. En las fábricas, en los gremios, en los barrios populares, el FIT no tiene inserción masiva. Tiene presencia en algunas facultades, en algunos sindicatos combativos, en algunas asambleas barriales. Pero no representa a la mayoría de la clase trabajadora argentina.
Esa brecha entre el discurso de clase y la base real no es un problema menor. Si la izquierda habla en nombre de los trabajadores pero los trabajadores no se sienten representados, el problema no es de los trabajadores: es de la izquierda. La Argentina tiene una clase trabajadora organizada, con tradición de lucha y conciencia política. Que el FIT no logre representarla no es culpa del peronismo ni del kirchnerismo: es culpa de un discurso que no conecta con la experiencia real de la gente.
El trotskismo de Del Caño se apoya en un análisis de clases que divide el mundo entre burguesía imperialista y proletariado oprimido. Esa grilla analítica funciona para entender el siglo XIX y principios del XX, pero no capta la complejidad del capitalismo contemporáneo: cadenas globales de valor, plataformas digitales, trabajo informal, extractivismo, crisis climática.
Cuando Rusia invadió Ucrania, Del Caño respondió con el manual trotskista: 'guerra interimperialista', 'la OTAN provoca', 'Estados Unidos usa a Ucrania'. Era el análisis correcto para 1914, pero insuficiente para 2022. No hay análisis del nacionalismo ucraniano, de la agresión imperial rusa como hecho autónomo, de la complejidad de una guerra donde hay un agresor claro. La rigidez ideológica no es fidelidad a los principios: es pereza intelectual.