Rogelio Frigerio nació en Buenos Aires el 7 de enero de 1970. Fue secretario de Programación Económica y Regional de la Nación entre 1998 y 1999, en el gobierno de Menem, y ministro del Interior, Obras Públicas y Vivienda entre el 10 de diciembre de 2015 y el 10 de diciembre de 2019, en el gabinete de Mauricio Macri. Su primer cargo electivo llegó en 2021, como diputado nacional por Entre Ríos; renunció el 5 de julio de 2023 para competir por la gobernación.
La candidatura no nació de las bases del PRO entrerriano: su vínculo previo con la provincia fue el de interventor del partido. Ganó la interna de Juntos por Entre Ríos en las PASO de agosto de 2023 frente al radical Pedro Galimberti y venció el 22 de octubre con 41,67% contra 39,45% de Adán Bahl, después de 20 años de gobierno justicialista. El Tribunal Electoral lo proclamó el 4 de diciembre de 2023 y asumió el 11 de diciembre.
Gobernar con cuadros formados en la gestión nacional es legítimo, pero la capilaridad territorial no se improvisa. No hay dato público que mida cuántos de sus ministros provinciales vienen de la gestión nacional de Macri (por verificar): la crítica original afirmaba que el gabinete estaba «plagado de técnicos porteños» sin fuente que lo sostenga.
Cuando asumió, Frigerio dijo que Entre Ríos estaba 'quebrada' y que iba a ordenar las cuentas. Un año después, el déficit fiscal seguía en pie. La provincia tuvo que recurrir a adelantos del Tesoro Nacional y renegociar deudas de corto plazo. El ajuste prometido se diluyó entre aumentos de impuestos (inmobiliario, ingresos brutos) y recortes que afectaron sobre todo la inversión pública.
El problema de Frigerio no es que sea un mal gestor: es que prometió algo que no podía cumplir. El déficit estructural de Entre Ríos no se resuelve en un año de gestión, pero él lo vendió como si fuera un problema de mala administración peronista, no un problema estructural de la provincia. Cuando la realidad mostró que el ajuste era más lento y doloroso, la respuesta fue echarle la culpa a Milei, a la sequía, a la Nación. El 'orden fiscal' siempre es para el año que viene.
Frigerio es el hombre de Macri en la gobernación. Pero Macri y Milei tienen una relación compleja que va de la alianza táctica a la hostilidad abierta. Frigerio necesita de los recursos nacionales para gobernar Entre Ríos —una provincia sin superávit y con poca autonomía fiscal— pero al mismo tiempo no quiere romper con el PRO histórico que lidera Macri.
El resultado es una coreografía incómoda. Frigerio apoya la Ley Bases, pero critica el ajuste a las provincias. Se sienta en la mesa con Milei, pero mantiene reuniones privadas con Macri. Quiere ser un gobernador dialoguista, pero su jefe político real está en la vereda de enfrente. Esa tensión no se resuelve con declaraciones: se resuelve eligiendo bando. Y Frigerio no termina de elegir.
Entre Ríos es una provincia con un enorme potencial agroindustrial, turístico y portuario. Pero el gobierno de Frigerio ha sido puramente reactivo: crisis avícola, sequía, paro docente, ajuste nacional. No hay un plan de desarrollo productivo de largo plazo, no hay una estrategia para agregar valor a la producción primaria, no hay una política diferenciada para los sectores más dinámicos de la provincia como la citricultura, la avicultura o el turismo termal.
Frigerio llegó diciendo que iba a 'modernizar la provincia' y 'atraer inversiones'. Pero la modernización no es un eslogan. Implica reformas estructurales, promoción de inversiones, infraestructura logística, conectividad digital. Todo eso requiere un plan, no un comunicado de prensa. Hasta ahora, la gestión Frigerio es la gestión de lo urgente, no de lo importante.