Massa asumió como Ministro de Economía en julio de 2022 con superpoderes (unificación de áreas de Economía, Producción y Agricultura). La inflación estaba en 80% anual. Prometió 'orden macro' y 'estabilidad'. Diecisiete meses después, la inflación era del 211%, el dólar oficial había saltado de $200 a $800, la brecha cambiaria había superado el 100% en varios momentos y las reservas netas del BCRA eran profundamente negativas.
No fue una gestión meramente deficiente: fue la peor gestión económica de un ministro en democracia medida por el resultado inflacionario. Massa tomó todas las decisiones de política económica y todas fallaron. Los controles de precios no funcionaron, el cepo se endureció, la deuda en pesos se licuó y las tasas de interés llegaron al 133% sin frenar la corrida al dólar.
El argumento de Massa es que 'heredó una bomba' y que la sequía de 2023 agravó la crisis. Es cierto que la herencia era mala y la sequía fue la peor en 100 años. Pero las decisiones de su gestión también fueron erróneas: los dólares no se usaron para acumular reservas sino para intervenir en el mercado financiero, los subsidios no se reordenaron, y la credibilidad del programa económico se perdió en los primeros meses.
Un ministro de Economía no controla el clima, pero sí controla las decisiones de política. Las decisiones de Massa fueron consistentemente reactivas, cortoplacistas y electorales. La economía argentina pagó el costo de esa improvisación.
La trayectoria de Massa es un manual de pragmatismo político sin anclaje ideológico claro. Fue funcionario de Duhalde, jefe de gabinete de Cristina Kirchner, intendente modelo, opositor duro al kirchnerismo, fundador de un partido 'superador de la grieta', aliado de Macri en algunos temas, volvió con Cristina en 2019 y fue candidato presidencial del kirchnerismo en 2023.
No hay una posición que Massa no haya sostenido y luego abandonado. Se opuso al acuerdo con el FMI y después, como ministro, continuó y completó las revisiones del programa que ya estaba firmado. Criticó el déficit y lo redujo. Dijo que no se podía gobernar con Cristina y luego fue su candidato.
Massa justifica su trayectoria diciendo que 'la política es dinámica' y que 'hay que adaptarse a las circunstancias'. Es cierto que la política requiere pragmatismo. Pero hay una diferencia entre adaptarse a las circunstancias y carecer de principios estables. En el caso de Massa, los cambios no responden a una evolución ideológica sino a cálculos electorales.
El problema no es la falta de coherencia en sí misma, sino que los votantes nunca saben con certeza qué va a hacer Massa en el poder. Su gestión como Ministro de Economía reflejó esa ambigüedad: trató de ser ortodoxo y heterodoxo al mismo tiempo, y no logró ser ninguna de las dos cosas con éxito.
Cuando Massa asumió como Ministro de Economía en julio de 2022, faltaban 15 meses para las elecciones presidenciales. Desde el primer día, las decisiones económicas estuvieron teñidas por el calendario electoral. Los bonos y subsidios se incrementaron antes de las PASO, el gasto público se aceleró y los precios regulados se mantuvieron artificialmente bajos.
El resultado fue previsible: después de las PASO (agosto 2023), Massa devaluó 22% y el programa económico colapsó. Las reservas se evaporaron, la inflación se disparó y el FMI tuvo que flexibilizar las metas. La economía entró en una espiral que Massa no pudo controlar porque ya estaba en campaña y no podía tomar las decisiones impopulares que la situación requería.
El caso más flagrante fue la decisión de no ajustar los precios regulados (combustibles, tarifas, tipo de cambio oficial) durante la campaña, sabiendo que después de las elecciones habría un ajuste inevitable. Massa postergó costos que sabía que iban a venir.
Usar el ministerio como plataforma electoral no es ilegal —todos los gobiernos lo hacen. Pero Massa lo llevó al extremo: la política económica quedó subordinada a la estrategia electoral. El resultado fue el peor de los mundos: perdió las elecciones y dejó una economía destruida.
Después de perder el balotaje con Milei, Massa quedó en una posición incómoda. Formalmente es el líder del Frente Renovador y una de las figuras principales del peronismo. Pero en la práctica, el peronismo se fracturó entre los sectores que quieren renovación (Quintela, Jalil, Llaryora) y los que se aferran al liderazgo de Cristina Kirchner.
Massa no logró capitalizar su experiencia como candidato presidencial para reconstruir el peronismo. Su figura quedó asociada a la derrota y a la gestión económica fallida. Además, la vuelta de Cristina Kirchner al centro de la escena política después de la derrota relegó a Massa a un segundo plano.
El problema de Massa es que no tiene un espacio político propio claramente diferenciado. No es del kirchnerismo duro pero tampoco es del peronismo disidente. Está en un incómodo medio que lo deja sin base territorial consolidada. Su principal capital político —Tigre y el conurbano— está disputado por La Cámpora y los intendentes peronistas.
Massa tiene experiencia, capacidad de negociación y conocimiento del Estado. Pero en el peronismo post-2023, esas cualidades no son suficientes si no tiene una estrategia clara para reposicionarse. Su silencio relativo después de la derrota sugiere que no encontró aún el camino.
La gestión de Massa como Ministro de Economía no fue un accidente: fue la culminación de un modelo económico que el peronismo practica desde la salida de la Convertibilidad. Ese modelo se basa en: (1) tipo de cambio múltiple con atraso cambiario, (2) controles de precios que generan distorsiones, (3) emisión monetaria para financiar el déficit, (4) subsidios masivos a la energía y el transporte, (5) intervención estatal en mercados.
Ese modelo funcionó mientras hubo dólares baratos (2003-2008) y demanda externa creciente. Cuando esos vientos dejaron de soplar, el modelo mostró sus límites. Massa no intentó reformarlo: lo profundizó. Su gestión fue un intento desesperado de sostener un esquema que se caía a pedazos, con parches (más controles, más cepo, más emisión) que no resolvían los problemas de fondo.
El Frente Renovador nació en 2013 como una alternativa al modelo kirchnerista. Massa criticaba el cepo, la emisión y los controles. Diez años después, como ministro, aplicó exactamente las mismas políticas que había criticado. La pregunta es si Massa realmente cree en el modelo que aplicó o si fue solo pragmatismo para sobrevivir políticamente.
La respuesta es relevante porque define qué haría Massa si volviera al poder. Si no aprendió nada de su gestión como ministro, repetiría los mismos errores. Si aprendió, tendría que explicar por qué aplicó políticas en las que no cree.